Fray Gonzalo de ILLESCAS | Estatutos de la Universidad de Clérigos de Córdoba

IMPORTANTÍSIMO CÓDICE, MONUMENTO ESCRITO DE INMENSA RELEVANCIA PARA EL PATRIMONIO HISTÓRICO DOCUMENTAL ESPAÑOL AL SER LA ÚNICA VERSIÓN MEDIEVAL DE LOS ESTATUTOS DE LA UNIVERSIDAD DE CLÉRIGOS DE CÓRDOBA

[ILLESCAS, Fray Gonzalo de]
¿?-1464

Estatutos de la Universidad de Clérigos de Córdoba, sancionados por don Fray Gonzalo de Illescas

Córdoba, h. 1454–64

[257 x 185 mm]

30 folios

Pergamino escriturado en el recto y en el verso con 28 líneas por página

“ES NECESARIO QUE CADA IGLESIA TENGA UN CÓDICE CUIDADOSAMENTE ANOTADO ACERCA DE LAS IGLESIAS, PREDIOS, SIERVOS Y POSESIONES QUE LES CORRESPONDEN POR DERECHO, A FIN DE QUE NI LOS VENIDEROS SUFRAN POR DESCONOCIMIENTO, ENGAÑO O MERMA DE LOS DERECHOS ADQUIRIDOS POR SUS PREDECESORES”: PRÓLOGO DEL “REGISTRO DE CORIAS”, ASTURIAS, POR EL MONJE GUNDISSALUUS IOHANNES. [h. 1207]

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Descripción

La antigua Universidad de Clérigos de la ciudad de Córdoba fue una institución contemplada en el Derecho canónico que funcionaba con autonomía en forma de cofradía o gremio para la defensa de los intereses corporativos del clero de la ciudad de Córdoba, y que, por lo tanto, no formaba parte del cabildo catedralicio ni del ámbito del obispo. El origen de esta institución se remonta al siglo XIII, estando vigente hasta la supresión de las jurisdicciones especiales en el siglo XIX y sus bienes probablemente nacionalizados en los diferentes procesos de desamortización de ese mismo siglo.

Estas Universidades de clérigos no abundaron, siendo la presente de Córdoba, junto a las de Carmona (Sevilla) y Toledo las mejor conocidas. Estas ordenanzas cordobesas reflejan la organización institucional del clero de las catorce parroquias de la ciudad de Córdoba para la defensa de sus intereses económicos, sociales y asistenciales. Ofrecen información sobre su cancillería, su sistema archivístico, su sede en la parroquia de San Pedro, su organización mediante un prior, dos mayordomos y dos contadores, su advocación a San Lucas y la práctica asistencial para los entierros y otros elementos de la mentalidad cultural y religiosa bajomedieval en Córdoba.

Sirva como muestra de su enorme importancia que en estos estatutos se contiene noticia sobre la forma de los enterramientos de judíos y conversos extramuros de Córdoba, siendo uno de los escasísimos datos que aportan conocimiento sobre este grupo social del medievo español.

El manuscrito, aunque tiene forma de códice, no es un libro sino un documento con los caracteres externos propios de un taller o escritorio especializado en productos codicológicos. Esta apreciación se recoge en el propio tenor del documento cuando en la cláusula inicial se habla de “esta carta quaderno” (fol. 1r), aludiendo a su condición de documento con valor de instrumento jurídico en formato de cuaderno, según se desprende, tanto de la lectura del contenido como de la técnica de escrituración. Este formato fue común en la expedición de los ejemplares solemnes de muchísimos documentos, tanto producidos por la cancillería real como por los notarios.

 Codicológicamente estamos ante un manuscrito elaborado en pergamino de muy buena calidad en origen. Las dimensiones máximas de los folios son de 257 x 185 mm, conteniendo una caja de escritura en torno a los 100 x 161 mm. Está escriturado en todos sus folios en el recto y en el verso, excepto en el último que sólo lo está el recto. El pautado está realizado a punta seca, dando lugar a 28 líneas por página con una caja de 6 mm para recibir la escritura de las letras. En la escritura de los últimos folios del tercer fascículo se detecta un aumento de módulo de las letras llegando a los 11 mm en algún caso. La escritura se hace a mano tendida, es decir, en una sola columna que ocupa la página.

El manuscrito está articulado en tres fascículos formados por un quinterno o quinión (5 bifolios, 10 folios, 20 páginas) que dan lugar a un ejemplar con exactamente 30 folios. Los bifolios se unen mediante costura con hilo blanco, probablemente algodón o lino, y con esta misma técnica se unen los tres fascículos. La composición de los bifolios cumplen con la Ley de Gregory, la habitual en los talleres librarios medievales.

Actualmente, no hay restos de encuadernación, pero no se puede descartar que la tuviera, dado que los folios 1r y 30v actuales no presentan las evidencias de desgaste habituales en otros manuscritos sin cubiertas. No se evidencia tampoco rastros de guillotinado de los folios originales para adaptar el manuscrito a ninguna encuadernación posterior a su escrituración.

Existen dos modalidades de foliado, una mediante números romanos originarios en color rojo y que comienza en el folio 2r, coincidiendo con la transcripción de los Estatutos tras la iussio o cláusula de validación inicial por la que la autoridad episcopal confirma y ordena la transcripción de los mismos en este instrumento. Posteriormente, se incluyó una numeración en guarismos que inicia la foliación en el folio 1 llegando al 30, esta vez escrita en tinta ferrogálica negra y por una mano distinta.

La foliación romana inicial se ubica en el centro del margen superior y la foliación en guarismos se realiza en la esquina superior derecha. La transición de un fascículo al otro se realiza mediante el sistema de reclamo. No hay evidencia de títulos o rúbricas ni de marcas de taller. El inicio del decreto episcopal y el comienzo de los estatutos presentan la letra inicial o capital de gran tamaño (55 x 46 mm) decorada con filigranas similares a la de otros códices hispánicos y europeos de la tradición gótica (siglos XII al XVII).

El inicio de cada estatuto se hace también con la letra capital destacada y decorada pero de menor tamaño, facilitando la lectura y la identificación del inicio del párrafo. Se utiliza la tinta negra ferrogálica para la escritura de los textos y las tintas azul, roja y negra para la decoración de las letras capitales, alternando la policromía. La tinta del último estatuto insertado en el folio 30r es de color ocre y está muy desvaída, por lo que actualmente apenas se puede leer, lo que es debido a la oxidación causada por la mala calidad de los componentes utilizados en su composición originaria.

 Desde el punto de vista paleográfico, el de las características escriturarias, estamos ante un manuscrito que refleja la actividad de diferentes manos, producto de diversas lecturas en distintos momentos a partir del texto originario. Éste forma parte de todo el texto desde el folio 1r hasta el 28v; mientras que en el final del folio 28v y el folio 30r se localiza la inserción de dos estatutos en época muy posterior a la copia de los estatutos iniciales.

También se aprecian diferentes tipos de notas marginales en todos los folios, formadas por glosas al contenido, la presencia de “signa manua”, y notas cancillerescas o notariales, éstas en los folios 11r, 17r, 29r, 20v y 25r. La mano 1 transcribió y decoró el texto principal de los estatutos y escribe con una escritura del ámbito de las góticas en su variedad textual con tendencia a la redonda, propia del siglo XV. Las manos de los dos estatutos insertos al final lo hacen también dentro del mismo sistema con mayor tendencia a la redondez, más propias de la transición de los siglos XV al XVI. Y la mano de la última inserción textual en el folio 30r, cuya tinta está desvaída y sólo puede leerse mediante lámpara de cuarzo, es una escritura propia de la humanística bastarda muy usada en la primera mitad del siglo XVI. Las notas marginales y las glosas reflejan lecturas materializadas por manos formadas en las escrituras de los siglos XV, XVI, XVII e incluso de comienzos del XVIII.

Desde la perspectiva paleográfica hay que destacar un uso muy limitado de las abreviaturas.

 Desde el punto de vista diplomático estamos ante un documento de naturaleza jurídica que contiene la copia del texto de los Estatutos u ordenanzas de la Universidad de Clérigos de Córdoba, una institución del Derecho canónico que se sabe fue fundada en el siglo XIII. Sus estatutos fueron confirmados, según aparece en la cláusula inicial del manuscrito, por el obispo Fray Gonzalo de Illescas, que fue prelado de la diócesis de Córdoba entre los años 1454 y 1464. Por la misma cláusula se sabe que existieron varias versiones anteriores, que son revisadas y vueltas a poner por escrito bajo autorización episcopal en este documento.

Según la bibliografía consultada en el siglo XVIII en los archivos de la Iglesia de Córdoba solo se conocían unos Estatutos que coinciden con estos del prelado Gonzalo de Illescas. El documento se estructura en dos partes fundamentales, conforme al uso cancilleresco o notarial:

I. En primer lugar, se escribe la cláusula por la que el obispo, como máxima autoridad cancilleresca, aprueba la revisión de los estatutos y ordena su puesta por escrito.

II. En segundo lugar, se transcriben los diferentes estatutos confirmados; previamente se incorpora el de la dotación de sello propio, es decir, del reconocimiento de la autoridad como jurisdicción especial de la Universidad de Clérigos, dotándola de una cancillería propia.

Siguen el resto de estatutos y los añadidos posteriores. El tenor de esta cláusula inicial nos aporta datos relacionados con la naturaleza notarial o cancilleresca de este manuscrito, puesto que ordena expresamente que se ponga por escrito mediante la técnica notarial de escribir todos los estatutos seguidos sin mediar espacios, que coincide con la técnica libraria de comenzar cada ordenanza o documento mediante la letra capital agrandada y decorada con colores. Este detalle se complementa con la presencia de determinadas notas cancillerescas en los folios 11r, 17r, 19r, 20v y 25r, que se verifican en otros códices diplomáticos (cartularios, registros) medievales hispánicos de otras procedencias, que aluden mediante la señal marginal de “[Nª]= Nota” a que en un momento dado el texto de ese estatuto sería objeto de una copia notarial simple, certificada o autorizada. Ello coincide con la presencia del resto de notas marginales y glosas que representan un amplio arco escriturario que va desde el siglo XV al XVIII, y que permiten discernir que esta “carta cuaderno” fue un instrumento utilizado oficialmente por sus propietarios institucionales constantemente. De hecho, el propio manuscrito contiene estatutos alusivos a la concesión de sello propio así como unas ordenanzas de archivo. Estos elementos indican que estamos ante un documento de naturaleza jurídica y constitutivo de los derechos de la Universidad de Clérigos de Córdoba, que estuvo fehacientemente conservado en el arca de su archivo, ubicada en la parroquia de San Andrés, según se indica en los estatutos (fol. 26v) con un estricto procedimiento de control para la apertura del arca~archivo, para la salida y para la devolución de los documentos.

El documento, aunque presenta cláusula de autoridad e “iussio” u orden de expedición documental por parte de la autoridad competente, en este caso el obispo, no presenta los necesarios y prescritos legalmente signos de validación diplomática, cancillerescos y notariales propios de un original, como serían la cláusula de validación del notario, el signo notarial y el sello pendiente o de placa. Tampoco podemos descartar que el documento los tuviera, dado que expresamente se indica en la cláusula inicial que el documento será sellado y se incluye un estatuto para que la Universidad de Clérigos posea su propia cancillería mediante sello propio, es decir, el reconocimiento jurídico por parte de la autoridad episcopal de la autonomía canónica de la institución.

Por ello, aunque no tengamos en el presente los elementos de validación diplomática, a partir de los hechos probados del uso de la técnica notarial en la confección y presencia de notas marginales, tanto glosas como notas cancillerescas que hemos aludido, podemos inferir sin dudas que el documento presente es el que fue utilizado por la institución originaria entre el siglo XV hasta algún momento del siglo XVIII–XIX.

La datación del documento no se puede adscribir a un año concreto. Tanto los datos paleográficos, codicológicos y diplomáticos coinciden en el siglo XV, y por la mención del obispo don Fray Gonzalo de Illescas hay que adscribir su datación al rango de fechas de su prelatura, comprendida entre los años 1454 y 1464.

El último estatuto incorporado en el folio 30r ofrece la fecha del año 1533, cuando tuvo lugar la última inscripción estatutaria. Pero el manuscrito tuvo una larga vida institucional pues las notas y glosas marginales llegan hasta el siglo XVIII.

 Este documento o instrumento público con formato codicológico sancionado por don Fray Gonzalo de Illescas presenta la sobresaliente singularidad, según los datos disponibles, de que en el siglo XVIII eran los únicos Estatutos conocidos y que fueron copiados por el canónigo de la colegiata de San Hipólito de Córdoba, don José Vázquez Venegas, que llevó a cabo una labor de copia de documentos históricos de los archivos eclesiásticos y concejiles de Córdoba a partir de una orden de Fernando VI, datada en 1751, para enviar una copia con destino a la Biblioteca Real, antecedente de la actual Biblioteca Nacional de España y de la del Palacio Real.

La labor transcriptora de este clérigo duró hasta 1774, fecha de su fallecimiento. Su labor se conserva formando la “Colección Vázquez Venegas” preservada y accesible en el Archivo catedralicio de Córdoba; abarca 26 libros, transcribiendo documentos datados entre el año 1252 hasta el siglo XVIII. Los volúmenes conservados en el archivo capitular de Córdoba son las copias preparatorias para otras versiones enviadas a la Corte. Y de hecho se conservan algunos tomos en la sección de manuscritos de la Biblioteca Nacional de España y en la Real Academia de la Historia, aunque en estas instituciones hay que localizarlos por la autoría de Arsenio de Morales, nombre con el que se remitieron las copias a Madrid. Uno de ellos, son estos estatutos.

Por lo tanto, el presente manuscrito es la única versión medieval conocida hasta el momento de este documento. La singularidad de este códice se incrementa de sobremanera en su contexto histórico. Estos Estatutos de la Universidad de Clérigos de Córdoba, revisados y sancionados por el obispo, como ya hemos indicado, son un monumento escrito de este tipo de jurisdicción especial amparada por el Derecho canónico del Antiguo Régimen.

Fray Gonzalo de Illescas* (Illescas, Toledo, ¿?–1464, Hornachuelos Córdoba, 1464) fue un personaje histórico de gran relevancia política y cultural en su tiempo, que llegó a ser confesor personal del rey Juan II de Castilla y miembro del consejo de estado de este monarca. A la muerte del rey fue también uno de los dos albaceas y ejecutores de su testamento, y tutor de sus hijos, entre ellos, el futuro rey Enrique IV de Castilla y la infanta Isabel, futura Isabel la Católica.

A fecha de hoy, solamente se conservan dos documentos producidos en su actividad pastoral y política, como son su testamento y los estatutos que presentamos. El testamento se encuentra actualmente preservado en el Archivo y Biblioteca de la Institución Colombina, del Arzobispado de Sevilla. Por ello, y al margen de su transmisión, este manuscrito con los Estatutos sancionados por el prelado don Fray Gonzalo de Illescas, es el único documento conservado de este importante personaje histórico.

 

(*) La imagen adjunta muestra el retrato de Fray Gonzalo de Illescas realizado por Francisco de Zurbarán en 1639 (Monasterio de Guadalupe)